El gobierno del estado está en el Centro Cívico, así que buena parte de lo que hacen las empresas de aquí acaba en un trámite. Permisos, inspecciones, papeles de personal, paquetes fiscales y de cumplimiento, cada uno con su formato y su fecha límite. Súmale las plantas de la Zona Industrial, los productores y empacadores del valle y las empresas de aeroespacial y logística que le surten a los dos, y te queda una ciudad donde una parte real de la nómina se va en preparar documentos.
Casi todos esos documentos existen dos veces. Una planta le reporta al estado en español y al corporativo o al cliente gringo en inglés. Un productor lleva la misma cosecha de una forma para el comprador y de otra para el banco. Alguien copia los números de un sistema a otro y los revisa a mano, casi siempre la misma persona, casi siempre al final de un día largo de agosto. Si un dato cambia, tienen que cambiar las dos versiones, y ahí es donde un error chico se vuelve caro.
La auditoría mide ese trabajo en lugar de suponerlo. Seguimos un trabajo real dentro de tu empresa, del pedido al embarque y al pago, y nos sentamos con la gente que arma los documentos. Después escribimos de tres a cinco puntos donde el software puede cargar la parte repetitiva, con las horas o los pesos que cuesta hoy y lo que costaría construir cada arreglo. También escribimos qué dejar como está. El criterio es de tu gente, y pagar por automatizar criterio sale mal.